This is not the first time someone has tried to glimpse into the stories of migrant children;  mass forced exodus has been happening for more than 20 years. Still, we hope that we, as a society, might arrive at a time when children don’t have to leave their homes, their countries, towns, and communities or live in fear.
We, the volunteers and facilitators of the exhibition before you, ourselves migrants, arrived in the US with images of our childhood and stories of our ancestors in our pockets. We have all felt the joy that exists in these stories, but also the sadness. We know all too well the degree to which this particular kind of sadness traverses generations. We—migrants—become like toddlers learning how to manipulate scissors for the first time or to sound out letters; in our state of newness, we are compelled to begin again, to reconstruct, and to re-shape our identities.
Across indigenous, Afro-descendant, and rural populations in Latin America (Abya Yala), we find words and concepts to describe the emotional pain caused by traumatic events. In some areas of traditional medicine, infants struck with thyroid fever are understood to be the victims of tremendous fright or another trauma. Some cultures speak of diseases of the soul or spirit; some refer to such conditions as achicopalarse (shrinking), tristear (sadness-inducing), apachurrarse (being crushed). One word that recently caught our attention and which is used in parts of the Mexican territory is tiricia, known as a malady that attacks the souls of children (caída del alma), affecting their humor, feelings, and mood. 
For the last year, we have been witnesses to the experiences shared, expressed, and felt by children as they accompany their parents to the migration clinic of the Buen Pastor church—a multicultural and multilingual space that, in radical solidarity, and through its social justice ministries of faith and spirituality, has opened its doors and provided legal resources to migrant communities seeking asylum. Here, the children might look forward to staying in this country and building a new home. They might find some space for emotional and spiritual healing as they wait for a judge's decision.
We are here to demand an end to the violence inflicted on our recently arrived children and their families. In our escuela, we seek to heal these communities’ tiricia, so that they may find in themselves possibilities, textures, colors, dimensions, dance, and joy. We seek to heal our neighbors, sisters, brothers, aunts, uncles, fathers, mothers, and abuelas.  We believe in the possibility of healing, not only in the present and towards the future but also towards the past, to heal the pain of our ancestors. We seek to extend a piece of that healing to those whom we may not know personally but who we know have also suffered from sadness and loneliness. We seek to enable a space for descanso (a rest)—un santuario. We seek art for the children, who deserve nothing less than visibility and safety, children who should never have to leave their homes or live in fear.
For the freedom of free movility
For the children in Gaza
For the children who are incarcerated
For the children seeking happiness as a form of resistance
For the children freezing in the ice boxes
For the children crossing borders
For the children violated by drug trafficking
For the children without the right to a childhood
For the children separated from their fathers and mothers
For the children in the shelters
For the children without the right to play
For the children traveling the Darien
For the children in search of the American dream
For the children violated by ICE (Immigration and Customs Enforcement)
For the children who could not reach the "North"
For the children who are thirsty in the desert
For the children who left their friends in their hometown

Sanctuary School volunteers and allies are:
Mónica Palma
Cinthya Santos Briones
Niceli Portugal
Juanita Ramos
Raúl Ayala
Fernanda Espinosa
Leticia Eboli
Juan Carlos Ruiz
Good Shepherd Sanctuary Church
Maya Juracán
Materials for the Arts
Padget Walker
Meche Rosales
Flushing Town Hall
Gianina Enriquez
Esta no sería la primera vez que se intenta adentrarse en las historias migrantes a través de las infancias. Desde hace más de 20 años se han visto éxodos masivos de esta población. Sin embargo, esperamos que como sociedad lleguemos a un punto en el que las infancias no tengan que abandonar sus hogares, países, pueblos, comunidades de origen y sobre todo que no tengan que vivir con miedo.
Nosotras, las voluntarias y facilitadoras de está exhibición, inmigrantes también, llegamos a los Estados Unidos con imágenes de nuestras infancias y nuestros ancestros en los bolsillos. Todas hemos sentido el goce que existe en esas historias, pero también la tristeza. Todas sabemos bien que de una manera u otra, ésta tristeza es intergeneracional. Nosotras— migrantes— nos convertimos en niñas aprendiendo a usar tijeras y a deletrear por primera vez, en nuestro estado de observación, estamos orilladas a reconstruir nuestras identidades.
A través de grupos indígenas, afrodescendientes y poblaciones rurales en Latinoamérica (Abya Yala), nos encontramos con palabras y conceptos para describir el dolor emocional causado por eventos traumáticos. En algunas áreas de la medicina tradicional, se entiende que los infantes afligidos por la fiebre tiroidéa son víctimas del susto u otro trauma. Algunas culturas hablan de  enfermedades del alma o del espíritu y las nombran: achicopalarse, tristear o apachurrarse. Una palabra que llamó nuestra atención y que se usa en partes del territorio mexicano es: tiricia, un padecer que ataca el alma de les niñes*, afectando su humor y emociones.
En el último año hemos sido testigos* de las experiencias compartidas, expresadas y sentidas por  les niñes* y sus familias que visitan la clínica de migración de la iglesia luterana del Buen Pastor—un espacio multicultural y multilingüe, que en solidaridad racial y a través de sus ministerios de fé y de espiritualidad han abierto sus puertas y han dado recursos legales a las familias migrantes que buscan asilo—. Aquí, les niñes* tienen la esperanza de quedarse en este país y construir un nuevo hogar. Así como un espacio de sanación emocional y espiritual mientras esperan el veredicto del juez que apruebe su solicitud de asilo.
Estamos aquí para demandar fin a la violencia ejercida  en nuestros niñes* y familias recién llegados*. En nuestra escuela deseamos curar la tiricia de estás comunidades, para que así puedan encontrar en sí mismas posibilidades, texturas, colores, dimensiones, baile y gozo. Deseamos sanar junto a nuestros vecinos migrantes, hermanas, hermanos, tías, tíos, padres, madres y abuelas. Creemos en la posibilidad de curar, no solo en el presente en vías del futuro, sino también hacía el pasado para sanar el dolor de nuestros ancestros. Queremos expandir un pedazo de sanación a aquellas personas que no conocemos personalmente, pero  que sabemos que están afligidas y solas. Queremos buscar un lugar para el descanso—un santuario—. Buscamos arte para les niñes, que merecen nada menos que visibilidad y protección, niñes que nunca debieron de abandonar sus hogares o vivir con miedo, angustia.
Por los niños en Gaza
Por los niños encarcelados
Por los niños buscando felicidad como forma de resistencia
Por los niños en las hieleras*
Por los niños cruzando las fronteras
Por los niños violentados por el crimen organizado
Por los niños sin derecho a una infancia
Por los niños separados de sus padres y madres
Por los niños en refugios
Por los niños sin derecho a jugar
Por los niños cruzando el Darien
Por los niños en busca del sueño Americano
For los niños violentados por ICE (Policia de inmigracion)
Por los niños que no pudieron cruzar al "Norte"
Por los niños que están sedientos en el desierto
Por los niños que dejaron a sus amigos en sus hogares
Por los niños cruzando el río Bravo
 Escuela Santuario vuluntarias y aliadas son:
Mónica Palma
Niceli Portugal
Cinthya Santos Briones
Juanita Ramos
Raúl Ayala
Leticia Eboli
Juan Carlos Ruiz
Maya Juracán
Materials for the Arts
Padget Walker
Meche Rosales
Flushing Town Hall
Gianina Enriquez

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